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miércoles, 19 de enero de 2011

Madre 365


Antes de ser madre una ignora TODO acerca de ser madre.
Ni siquiera tiene una pálida idea de todo lo que le tocará vivir, sentir, perder, ganar, en este maravilloso y sinuoso camino de la maternidad.
Y como siempre digo, muchas veces no hay mayor sabiduría que la ignorancia.
No hay descanso del rol de madre. Estamos (y TENEMOS que estar) disponibles las 24 horas, los 365 días del año. Y siempre listas, atentas, descansadas, dispuestas a ser despertadas a cualquier hora, interrumpidas en el baño, avergonzadas en el supermercado, manchadas con bebida y comida (por no hablar de cosas peores) y todo esto sin perder la cordura y el buen semblante.
Realmente es así? Es obligatorio tener ganas de ver mil veces la misma película de dibujitos? Es obligatorio ver tu programa favorito entrecortado con "mamá, quiero esto", "mamá, quiero lo otro"?Que te obliga a aceptar que muchas cosas de tu vida las decida una personita que apenas se ve del piso?
Para mí, eso es AMOR. AMOR, y como no hay ninguno. Porque se puede amar a nuestros padres, a nuestros amigos, incluso a nuestra pareja, pero nunca descubrí un AMOR como el que se siente por un hijo.
Al que tanta contradicción trae a nuestra vida...
Al que nos la desordena y al mismo tiempo arregla todo con una sonrisa o un abrazo.

Duele amar de esta forma.

sábado, 17 de octubre de 2009

FELIZ DIA DE LA MADRE


“Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre.

Dios la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie.
Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.

Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.

Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales,que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.

Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ser madre



Estábamos sentándonos a comer cuando mi hija casualmente menciona que ella y su esposo están pensando en "empezar una familia" -"Nosotros estamos haciendo una encuesta", dice ella, en broma. -“¿Crees que debería tener un bebé?"
-"Cambiará tu vida," digo, cuidadosamente manteniendo mi tono neutral. -"Ya sé," dice, "no más fiestas los fines de semana, no más vacaciones espontáneas..."


Pero eso no es en lo absoluto lo que yo quise decir. Miro a mi hija, intentando saber que decirle...

Quiero que sepa lo que ella nunca aprenderá en clases de parto. Quiero decirle que las heridas físicas por dar a luz un niño sanarán, pero que el volverse madre la dejarán con una herida emocional tan profunda por la cual ella será vulnerable para siempre.


Pienso en advertirle que ella nunca leerá de nuevo un periódico sin preguntarse "¿y si eso le hubiera pasado a mi hijo?". Que cada accidente de aviación, cada incendio en una casa la obsesionará. Que cuando vea fotos de niños hambrientos, se preguntará si algo podría ser peor que vivir la muerte de tu niño.


Yo la miro cuidadosamente, sus uñas finamente pintadas, el traje elegante y pienso que no importa cuan sofisticada ella sea, el convertirse en madre la reducirán al nivel primitivo de una osa que protege su cachorro.


Que una llamada urgente de "¡Mamá"! le hará dejar caer un postre o su mejor cristal sin vacilar por un momento.


Siento que debo advertirle que no importa cuántos años ella haya invertido en su carrera, ésta se descarrilará profesionalmente a causa de su maternidad.


Ella podrá hacer los arreglos para dejar al niño en casa al cuidado de una niñera, pero un día irá en camino de una reunión de negocios importante y recordará el dulce olor de su bebé, y tendrá que usar cada gramo de su disciplina para no correr a casa, sólo para asegurarse que su bebé está bien.


Yo quiero que mi hija sepa que las decisiones cotidianas ya no serán rutina.

No importa cuán decisiva pueda ser ella en su trabajo, se criticará a si misma constantemente en su papel de madre.

Mirando a mi hija tan atractiva, quiero asegurarle que en el futuro ella perderá los kilos de más del embarazo, pero nunca se sentirá igual sobre ella misma.

Que su vida, ahora tan importante, será de menos valor para ella una vez que tenga un niño.

Que ella renunciaría a ésta en un momento por salvar sus hijos, pero que también empezará a desear más años -no para lograr sus propios sueños- sino para ver a sus hijos lograr los suyos.

Yo quiero que ella sepa que una cicatriz de cesárea o las estrías se convertirán en insignias de honor.

La relación de mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa. Deseo que ella pudiera entender cuánto más uno puede amar a un hombre que tiene cuidado para empolvar a su bebé o que nunca duda para jugar con su niño.
Yo pienso que ella debería saber que se sentirá de nuevo completamente enamorada de él por razones que ahora encontraría muy poco románticas.


Yo deseo que mi hija pudiera darse cuenta del lazo que ella sentirá, con mujeres a lo largo de la historia que han intentado detener guerras, discriminación y borrachos al volante.

Espero que ella entienda por qué yo puedo pensar racionalmente sobre la mayoría de los problemas, pero ponerme como loca cuando discuto sobre la amenaza que supone una guerra nuclear en el futuro de mis hijos.

Yo quiero describir a mi hija la euforia de ver a su niño cuando aprenda a montar una bicicleta. Quiero capturar para ella las carcajadas de un bebé que está tocando la piel suave de un perro o un gato por primera vez. Quiero que saboree la dicha que es tan real, que de hecho duele.

La mirada interrogativa de mi hija me hace caer en cuenta de las lágrimas que se han formado en mis ojos.
-"Nunca te arrepentirás de ello," digo finalmente.

Entonces alcanzo por sobre la mesa la mano de mi hija, la aprieto y ofrezco una oración silenciosa por ella, por mí, y por todas las mujeres que tropezaron en su camino hacia la más maravillosa de todas las profesiones.

Este regalo bendito de Dios... el hecho de ser madre.

miércoles, 15 de abril de 2009

No llores si me amas!

He andado desaparecida de este mundo blogeril, por lo cual me disculpo, y aún estoy sin muchos ánimos de escribir.

El sábado falleció mi abuela materna, después de una larga enfermedad que la dejó sin recuerdos, sin memoria y totalmente debilitada.

Veo a mi madre en paz, porque estuvo hasta el último momento a su lado, hizo lo imposible para que estuviera cómoda, dentro de lo que podía estarlo con suero y sondas por todos lados. Ella le pidió hace días que se fuera, ya que le alcanzaba a decir, entre lo poco que hablaba, que estaba muy cansada. La vi estar así y me dije, eso no es vida, y secretamente le pedí a Dios que se la llevara. Y así fue, después de días de internación, volvió a su casa y murió en su cama, como siempre quiso.

Dejo esta hermosa oración, escrita por el doctor de la Iglesia San Agustín, que creo que a los que tenemos fe nos alivia creer que nuestros seres queridos están en un lugar mucho mejor que este.


"No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!"

(San Agustín)

viernes, 3 de abril de 2009

Con ojos de madre I


¿Será que me estoy poniendo vieja?
He notado que últimamente fijo mi atención en cosas sencillas, cosas a las que antes ni siquiera miraba. Si vamos a la plaza con mi hija, observo los árboles, las flores, el pasto, la gente caminando, los niños... digo OBSERVO porque no es lo mismo que mirar o ver.
Cuando era joven, mejor dicho "en la edad del pavo", iba todos los días a esa misma plaza, pero a juntarme con amigos a tomar algo o simplemente a estar ahí, charlando, riéndonos y criticando a todo el que pasara. Porque en mi ciudad, que tiene 45.000 habitantes, la plaza San Martín era (y sigue siendo) un punto de encuentro para los jóvenes, un lugar donde se hacen juntas de amigos, y lamentablemente un sitio muchas veces problemático por el consumo del alcohol y vaya a saber que más.
En esa época, no le dábamos bola al pastito, a las florcitas, los pajaritos... ma sí! íbamos a divertirnos, tomar unos tragos, fumar un cigarrilo, mostrarnos, para que mentir.

Ahora desde que soy madre veo todo con otros ojos, y esto también. Veo un lugar maravilloso, verde, me quedo con la mirada fija en cada flor y cada animalito que anda por ahí... y me emociono pensando que vivo en una hermosa ciudad, y que me alegra poder criar a mi hija donde yo fui criada...

Eso es lo que querían decir los que me advirtieron que ser madre te cambia PARA SIEMPRE. Ver la vida que nos rodea. Ver esperanza, ver a Dios en todo y en todos... mirar con OJOS DE MADRE.
Que bendición.
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miércoles, 19 de enero de 2011

Madre 365


Antes de ser madre una ignora TODO acerca de ser madre.
Ni siquiera tiene una pálida idea de todo lo que le tocará vivir, sentir, perder, ganar, en este maravilloso y sinuoso camino de la maternidad.
Y como siempre digo, muchas veces no hay mayor sabiduría que la ignorancia.
No hay descanso del rol de madre. Estamos (y TENEMOS que estar) disponibles las 24 horas, los 365 días del año. Y siempre listas, atentas, descansadas, dispuestas a ser despertadas a cualquier hora, interrumpidas en el baño, avergonzadas en el supermercado, manchadas con bebida y comida (por no hablar de cosas peores) y todo esto sin perder la cordura y el buen semblante.
Realmente es así? Es obligatorio tener ganas de ver mil veces la misma película de dibujitos? Es obligatorio ver tu programa favorito entrecortado con "mamá, quiero esto", "mamá, quiero lo otro"?Que te obliga a aceptar que muchas cosas de tu vida las decida una personita que apenas se ve del piso?
Para mí, eso es AMOR. AMOR, y como no hay ninguno. Porque se puede amar a nuestros padres, a nuestros amigos, incluso a nuestra pareja, pero nunca descubrí un AMOR como el que se siente por un hijo.
Al que tanta contradicción trae a nuestra vida...
Al que nos la desordena y al mismo tiempo arregla todo con una sonrisa o un abrazo.

Duele amar de esta forma.

sábado, 17 de octubre de 2009

FELIZ DIA DE LA MADRE


“Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre.

Dios la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie.
Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.

Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.

Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales,que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.

Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ser madre



Estábamos sentándonos a comer cuando mi hija casualmente menciona que ella y su esposo están pensando en "empezar una familia" -"Nosotros estamos haciendo una encuesta", dice ella, en broma. -“¿Crees que debería tener un bebé?"
-"Cambiará tu vida," digo, cuidadosamente manteniendo mi tono neutral. -"Ya sé," dice, "no más fiestas los fines de semana, no más vacaciones espontáneas..."


Pero eso no es en lo absoluto lo que yo quise decir. Miro a mi hija, intentando saber que decirle...

Quiero que sepa lo que ella nunca aprenderá en clases de parto. Quiero decirle que las heridas físicas por dar a luz un niño sanarán, pero que el volverse madre la dejarán con una herida emocional tan profunda por la cual ella será vulnerable para siempre.


Pienso en advertirle que ella nunca leerá de nuevo un periódico sin preguntarse "¿y si eso le hubiera pasado a mi hijo?". Que cada accidente de aviación, cada incendio en una casa la obsesionará. Que cuando vea fotos de niños hambrientos, se preguntará si algo podría ser peor que vivir la muerte de tu niño.


Yo la miro cuidadosamente, sus uñas finamente pintadas, el traje elegante y pienso que no importa cuan sofisticada ella sea, el convertirse en madre la reducirán al nivel primitivo de una osa que protege su cachorro.


Que una llamada urgente de "¡Mamá"! le hará dejar caer un postre o su mejor cristal sin vacilar por un momento.


Siento que debo advertirle que no importa cuántos años ella haya invertido en su carrera, ésta se descarrilará profesionalmente a causa de su maternidad.


Ella podrá hacer los arreglos para dejar al niño en casa al cuidado de una niñera, pero un día irá en camino de una reunión de negocios importante y recordará el dulce olor de su bebé, y tendrá que usar cada gramo de su disciplina para no correr a casa, sólo para asegurarse que su bebé está bien.


Yo quiero que mi hija sepa que las decisiones cotidianas ya no serán rutina.

No importa cuán decisiva pueda ser ella en su trabajo, se criticará a si misma constantemente en su papel de madre.

Mirando a mi hija tan atractiva, quiero asegurarle que en el futuro ella perderá los kilos de más del embarazo, pero nunca se sentirá igual sobre ella misma.

Que su vida, ahora tan importante, será de menos valor para ella una vez que tenga un niño.

Que ella renunciaría a ésta en un momento por salvar sus hijos, pero que también empezará a desear más años -no para lograr sus propios sueños- sino para ver a sus hijos lograr los suyos.

Yo quiero que ella sepa que una cicatriz de cesárea o las estrías se convertirán en insignias de honor.

La relación de mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa. Deseo que ella pudiera entender cuánto más uno puede amar a un hombre que tiene cuidado para empolvar a su bebé o que nunca duda para jugar con su niño.
Yo pienso que ella debería saber que se sentirá de nuevo completamente enamorada de él por razones que ahora encontraría muy poco románticas.


Yo deseo que mi hija pudiera darse cuenta del lazo que ella sentirá, con mujeres a lo largo de la historia que han intentado detener guerras, discriminación y borrachos al volante.

Espero que ella entienda por qué yo puedo pensar racionalmente sobre la mayoría de los problemas, pero ponerme como loca cuando discuto sobre la amenaza que supone una guerra nuclear en el futuro de mis hijos.

Yo quiero describir a mi hija la euforia de ver a su niño cuando aprenda a montar una bicicleta. Quiero capturar para ella las carcajadas de un bebé que está tocando la piel suave de un perro o un gato por primera vez. Quiero que saboree la dicha que es tan real, que de hecho duele.

La mirada interrogativa de mi hija me hace caer en cuenta de las lágrimas que se han formado en mis ojos.
-"Nunca te arrepentirás de ello," digo finalmente.

Entonces alcanzo por sobre la mesa la mano de mi hija, la aprieto y ofrezco una oración silenciosa por ella, por mí, y por todas las mujeres que tropezaron en su camino hacia la más maravillosa de todas las profesiones.

Este regalo bendito de Dios... el hecho de ser madre.

miércoles, 15 de abril de 2009

No llores si me amas!

He andado desaparecida de este mundo blogeril, por lo cual me disculpo, y aún estoy sin muchos ánimos de escribir.

El sábado falleció mi abuela materna, después de una larga enfermedad que la dejó sin recuerdos, sin memoria y totalmente debilitada.

Veo a mi madre en paz, porque estuvo hasta el último momento a su lado, hizo lo imposible para que estuviera cómoda, dentro de lo que podía estarlo con suero y sondas por todos lados. Ella le pidió hace días que se fuera, ya que le alcanzaba a decir, entre lo poco que hablaba, que estaba muy cansada. La vi estar así y me dije, eso no es vida, y secretamente le pedí a Dios que se la llevara. Y así fue, después de días de internación, volvió a su casa y murió en su cama, como siempre quiso.

Dejo esta hermosa oración, escrita por el doctor de la Iglesia San Agustín, que creo que a los que tenemos fe nos alivia creer que nuestros seres queridos están en un lugar mucho mejor que este.


"No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!"

(San Agustín)

viernes, 3 de abril de 2009

Con ojos de madre I


¿Será que me estoy poniendo vieja?
He notado que últimamente fijo mi atención en cosas sencillas, cosas a las que antes ni siquiera miraba. Si vamos a la plaza con mi hija, observo los árboles, las flores, el pasto, la gente caminando, los niños... digo OBSERVO porque no es lo mismo que mirar o ver.
Cuando era joven, mejor dicho "en la edad del pavo", iba todos los días a esa misma plaza, pero a juntarme con amigos a tomar algo o simplemente a estar ahí, charlando, riéndonos y criticando a todo el que pasara. Porque en mi ciudad, que tiene 45.000 habitantes, la plaza San Martín era (y sigue siendo) un punto de encuentro para los jóvenes, un lugar donde se hacen juntas de amigos, y lamentablemente un sitio muchas veces problemático por el consumo del alcohol y vaya a saber que más.
En esa época, no le dábamos bola al pastito, a las florcitas, los pajaritos... ma sí! íbamos a divertirnos, tomar unos tragos, fumar un cigarrilo, mostrarnos, para que mentir.

Ahora desde que soy madre veo todo con otros ojos, y esto también. Veo un lugar maravilloso, verde, me quedo con la mirada fija en cada flor y cada animalito que anda por ahí... y me emociono pensando que vivo en una hermosa ciudad, y que me alegra poder criar a mi hija donde yo fui criada...

Eso es lo que querían decir los que me advirtieron que ser madre te cambia PARA SIEMPRE. Ver la vida que nos rodea. Ver esperanza, ver a Dios en todo y en todos... mirar con OJOS DE MADRE.
Que bendición.