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jueves, 12 de noviembre de 2009

La Pana

Siempre recuerdo mi infancia como maravillosa, porque realmente lo fue.
Fui afortunada de tener una gran familia, muy unida, y a pesar de ser hija única
nunca me sentí sola.

Mi mamá fue enfermera (actualmente es jubilada) así que desde bebé me dejaba al cuidado de quien fue mi segunda mamá y tal vez la persona más inolvidable que conocí: mi tía abuela "Pana". En realidad se llamaba Juana, pero como a mí no me salía el nombre cuando era chiquita, así quedó y así la conocía todo el mundo: "La Pana". Siempre vivió con nosotros, ya que jamás se casó.

Así que mis viejos trabajaban, y La Pana era la persona que me llamaba para ir al colegio, que me llevaba el desayuno a la cama, me peinaba, iba a mis actos escolares a arreglarme, me esperaba con la comida, nos hacía la merienda a mí y a mis amigas, me arreglaba las muñecas que rompíamos, y por supuesto, mi cómplice y compinche en todas mis travesuras de niña y más luego de adolescente.

De chica me pasaba a su cama cuando había tormenta, y leíamos la "Selecciones".

A ella le contaba de mis "amoríos", con ella tomábamos mate con mis amigas ya que todas la adoraban y la querían como a una abuela; veíamos todas las novelas habidas y por haber, me enseñaba de repostería, cocina, costura y a curar el empacho.

Ella se acordaba de cada cumpleaños, visitaba a todos los enfermos, ayudaba a los vecinos, allí estaba siempre con su buen humor, su alegría y sus "metidas", queriéndole arreglar la vida a todos.
Ella lo era todo para mí; y sé que yo era todo para ella, a pesar de que tenía nietos postizos y sobrinos para tirar para arriba.

Una noche, hace 5 años, salí como salía todas las noches en esa época, a juntarme con mis amigos en el ciber y en la sala de juegos, cosa que hacíamos a diario.
Recuerdo que ella me dijo "por qué no te quedas un poco en la casa... dejá de salir tanto". Y tenía razón... yo era bastante rebelde en esa época y literalmente no paraba en mi casa.
Saludé en general con un "chau" y salí.
A eso de las 12 de la noche me fueron a buscar al ciber mis primos, con urgencia, pero sin querer decirme que pasaba. A toda costa me querían llevar con ellos, y yo insistía en que me dijeran qué sucedía; pero nadie me decía nada. De repente, se me cruzó como un fogonazo por la cabeza: "La Pana"... y sin que me dijeran nada, lo supe.

Se había ido.

Tranquilamente, sin sufrir, apenas con un quejido, en su propia casa y en su cama. Como ella siempre lo decía, "sin ser una carga para nadie". Y Dios escuchó su pedido.
Desde ese momento me maldecí a mí misma por no haber estado, por no haberle podido dar un último beso y decirle cuánto la quería y todo lo que era para mí...
Pero luego atando cabos con otros familiares, por conversaciones que tuvieron con ella,entendí que ella sabía, que siempre supo que su fin estaba cerca y era un alivio saber que yo no la vería morir.

Y esté donde esté, no hay día que pase sin que piense en ella, sin que me pregunte por qué... sin que le pida que nos proteja.. y sé que está ahí...Pana y yo, en la foto de 1 año y meses.



miércoles, 15 de abril de 2009

No llores si me amas!

He andado desaparecida de este mundo blogeril, por lo cual me disculpo, y aún estoy sin muchos ánimos de escribir.

El sábado falleció mi abuela materna, después de una larga enfermedad que la dejó sin recuerdos, sin memoria y totalmente debilitada.

Veo a mi madre en paz, porque estuvo hasta el último momento a su lado, hizo lo imposible para que estuviera cómoda, dentro de lo que podía estarlo con suero y sondas por todos lados. Ella le pidió hace días que se fuera, ya que le alcanzaba a decir, entre lo poco que hablaba, que estaba muy cansada. La vi estar así y me dije, eso no es vida, y secretamente le pedí a Dios que se la llevara. Y así fue, después de días de internación, volvió a su casa y murió en su cama, como siempre quiso.

Dejo esta hermosa oración, escrita por el doctor de la Iglesia San Agustín, que creo que a los que tenemos fe nos alivia creer que nuestros seres queridos están en un lugar mucho mejor que este.


"No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!"

(San Agustín)

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jueves, 12 de noviembre de 2009

La Pana

Siempre recuerdo mi infancia como maravillosa, porque realmente lo fue.
Fui afortunada de tener una gran familia, muy unida, y a pesar de ser hija única
nunca me sentí sola.

Mi mamá fue enfermera (actualmente es jubilada) así que desde bebé me dejaba al cuidado de quien fue mi segunda mamá y tal vez la persona más inolvidable que conocí: mi tía abuela "Pana". En realidad se llamaba Juana, pero como a mí no me salía el nombre cuando era chiquita, así quedó y así la conocía todo el mundo: "La Pana". Siempre vivió con nosotros, ya que jamás se casó.

Así que mis viejos trabajaban, y La Pana era la persona que me llamaba para ir al colegio, que me llevaba el desayuno a la cama, me peinaba, iba a mis actos escolares a arreglarme, me esperaba con la comida, nos hacía la merienda a mí y a mis amigas, me arreglaba las muñecas que rompíamos, y por supuesto, mi cómplice y compinche en todas mis travesuras de niña y más luego de adolescente.

De chica me pasaba a su cama cuando había tormenta, y leíamos la "Selecciones".

A ella le contaba de mis "amoríos", con ella tomábamos mate con mis amigas ya que todas la adoraban y la querían como a una abuela; veíamos todas las novelas habidas y por haber, me enseñaba de repostería, cocina, costura y a curar el empacho.

Ella se acordaba de cada cumpleaños, visitaba a todos los enfermos, ayudaba a los vecinos, allí estaba siempre con su buen humor, su alegría y sus "metidas", queriéndole arreglar la vida a todos.
Ella lo era todo para mí; y sé que yo era todo para ella, a pesar de que tenía nietos postizos y sobrinos para tirar para arriba.

Una noche, hace 5 años, salí como salía todas las noches en esa época, a juntarme con mis amigos en el ciber y en la sala de juegos, cosa que hacíamos a diario.
Recuerdo que ella me dijo "por qué no te quedas un poco en la casa... dejá de salir tanto". Y tenía razón... yo era bastante rebelde en esa época y literalmente no paraba en mi casa.
Saludé en general con un "chau" y salí.
A eso de las 12 de la noche me fueron a buscar al ciber mis primos, con urgencia, pero sin querer decirme que pasaba. A toda costa me querían llevar con ellos, y yo insistía en que me dijeran qué sucedía; pero nadie me decía nada. De repente, se me cruzó como un fogonazo por la cabeza: "La Pana"... y sin que me dijeran nada, lo supe.

Se había ido.

Tranquilamente, sin sufrir, apenas con un quejido, en su propia casa y en su cama. Como ella siempre lo decía, "sin ser una carga para nadie". Y Dios escuchó su pedido.
Desde ese momento me maldecí a mí misma por no haber estado, por no haberle podido dar un último beso y decirle cuánto la quería y todo lo que era para mí...
Pero luego atando cabos con otros familiares, por conversaciones que tuvieron con ella,entendí que ella sabía, que siempre supo que su fin estaba cerca y era un alivio saber que yo no la vería morir.

Y esté donde esté, no hay día que pase sin que piense en ella, sin que me pregunte por qué... sin que le pida que nos proteja.. y sé que está ahí...Pana y yo, en la foto de 1 año y meses.



miércoles, 15 de abril de 2009

No llores si me amas!

He andado desaparecida de este mundo blogeril, por lo cual me disculpo, y aún estoy sin muchos ánimos de escribir.

El sábado falleció mi abuela materna, después de una larga enfermedad que la dejó sin recuerdos, sin memoria y totalmente debilitada.

Veo a mi madre en paz, porque estuvo hasta el último momento a su lado, hizo lo imposible para que estuviera cómoda, dentro de lo que podía estarlo con suero y sondas por todos lados. Ella le pidió hace días que se fuera, ya que le alcanzaba a decir, entre lo poco que hablaba, que estaba muy cansada. La vi estar así y me dije, eso no es vida, y secretamente le pedí a Dios que se la llevara. Y así fue, después de días de internación, volvió a su casa y murió en su cama, como siempre quiso.

Dejo esta hermosa oración, escrita por el doctor de la Iglesia San Agustín, que creo que a los que tenemos fe nos alivia creer que nuestros seres queridos están en un lugar mucho mejor que este.


"No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!"

(San Agustín)