...que nunca fui "maternal", no antes de tener a mi hija.
Si bien siempre jugué con muñecas, con bebotes y todo lo acostumbrado de los juguetes de una niña, nunca me llamaron la atención los bebés, nunca supe como tratarlos, nunca había cambiado un pañal ni preparado una mamadera...
Recuerdo que muchas amigas mías andaban siempre atrás de cada bebé que veían; los alzaban y los llevaban a todas partes, incluso oficiaban de niñeras cuando los padres del niño se los pedían... A mi jamás se me hubiera pasado por la cabeza.
Ya de grande, mis amigas fueron madres, siempre quise mucho a esos niños, los visitaba, los atendía, pero no mucho más de eso; sólo lo justo y lo que era esperable de mi parte.
Cuando pensaba en tener hijos, siempre quise tener 3, pero lo veía como algo "a futuro" y muy lejano.
Pero como siempre, el destino no sabe de planes, y quedé embarazada. Tuve a mi hija. Fui mamá.
...y junto con mi hija, nacieron cosas en mí que nunca había sentido, cosas que ni siquiera hubiera imaginado que existían dentro mío. Toda la visión sobre el embarazo y los bebés, cambió radicalmente en mí.
Pasé de la casi indiferencia, a prestarle mucha atención a cada embarazada, cada bebé, emocionarme con los partos, interesarme por causas como la lactancia materna exclusiva y el parto respetado, conceptos que antes no existían para mí. Conocer sobre alergias, pediatras, medicamentos, vacunas, jardines, todo ese Universo desconocido hasta entonces....
Me redescubrí a mi misma a través de mi hija. Conocí cosas que nunca hubiera sabido que estaban ahí, y las sigo descubriendo día a día.
No digo que me muero por cada niño que veo, ni que adoro a todos los niños del mundo...
sólo digo que NACÍ COMO MADRE, en el momento en que mi hija vino al mundo.